martes, marzo 08, 2005

Ser padre no es una alegría... es una juerga!

Un bebé es como un buen juerguista. Come y bebe todo lo que puede. A la que le dejan se engacha a la teta. Mea y caga donde pilla. Se queda dormido en cualquier sitio. Vomita encima de sus seres queridos. Lanza pedos y eructos delante de las visitas. Llora sobre tu hombro sin que sepas por qué y al segundo siguiente está a carcajada limpia. Y si le hablas, en lugar de contestar, te mira fijamente, espera un instante y esboza una sonrisita entornando los ojos. Vamos, la viva imagen de un colega borracho en un fiesta de impresión.
Un buen padre, por otra parte, es como un juerguista profesional. Pasa la noche en vela. Duerme poco y mal. Por las mañanas sale desaliñado y ojeroso. Tiene la casa patas arriba. Vive entre manchas de vomitonas y meados. Come mal y rápido. Está harto de ver culos (aunque no exactamente los que él quisiera). Vive rodeado de pequeños "mamones" que le meten el dedo en ojo. No es raro verle como un zombi distraído. Y si le hablas, en lugar de contestar, te mira fijamente, espera un instante y esboza una sonrisita entornando los ojos. Vamos, la... leche.
Así que no es de extrañar que con tanta juerga haya muchos interesados en apuntarse y disfrutar de la partenidad en carne propia.
Para ellos y para los demás, iremos desgranando aquí una serie de fáciles consejos con los que preparase para la experiencia o para disfrutar de la locura de ser padres... ¡incluso si no tenéis hijos! Lo veréis pronto.